¿Cuál es nuestra visión del Estado? Dos acercamientos erróneos: Primero, tener una visión negativa del Estado. La Escritura nos habla del Estado como una institución creada por Dios, en su gracia común, para la manutención de una sociedad caída (Génesis 9:1-7; Daniel 2:20-21; Romanos 13:1-7). Dios le ha otorgado al Estado la autoridad de legislar y ha puesto en su potestad el monopolio de la violencia – el uso de la fuerza para ejercer justicia. Esto no significa que el Estado no pueda fallar. En efecto, lo hace.

Por eso, el segundo error es tener una visión demasiado positiva del Estado. Algunos piensan que la salvación de la sociedad acontece mediante la buena legislación y el ejercicio adecuado de la Ley. Esperan que el Estado provea para todas sus necesidades y solvente todas sus dolencias. Este es uno de los males del momento que estamos viviendo: ¡se espera mucho de la política! ¡Se confía en papá Estado!

¿Cuál es la visión bíblica? Primero, la política no salva. Ella es un instrumento divino que depende de su gracia y de la buena aplicación de Su Ley. Segundo, la política puede ser redimida, si antes hay un cambio espiritual en la sociedad. Allí donde el evangelio cambia el corazón de los hombres, veremos cambios en todas las esferas de la sociedad, incluyendo la política.

Por lo tanto es responsabilidad de los creyentes ejercer sus derechos como ciudadanos (Hechos 22:25-29), orar por sus autoridades (1 Timoteo 2:1-3) y clamar para que Dios levante a hombres según su corazón para ocupar los lugares de poder (Daniel 1:19). Necesitamos que hombres como Daniel, Sadrac, Mesac y Abed Nego, lleguen al gobierno, pero sobre todo, necesitamos un cambio espiritual en la Nación.


Pedro Blois

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