“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” Salmos 11:3.

Hay creyentes que desprecian la teología. Afirman que sólo necesitan a Jesús ¡¿Para qué la teología?! El problema es que en el momento en que se les pregunta: “¿quién es Jesús?”, ¡inevitablemente comienza la teología!

De modo que es imposible no hacer teología. Como diría R.C. Sproul: “¡todos somos teólogos!”; la pregunta es si somos buenos o malos teólogos, pero todos tenemos un concepto de quién es Dios, quién es Jesús, qué ocurrió en la cruz, qué es el pecado, cómo somos salvos, etc. Y eso es teología.  

Los principios teológicos son como las columnas y el fundamento de una casa. Puede que no sean evidentes a simple vista, pero son lo que sustenta todo el edificio. Si la teología es bíblica y robusta, el edificio permanecerá; si no lo es, está destinado a caer. En tiempos en los que los principios más básicos de nuestra fe comienzan a deteriorarse – si no es que se han corrompido por completo – el cristiano no puede conformarse con una lectura superficial de las Escrituras, ni tampoco menospreciar a los grandes maestros de la Historia de la Iglesia que nos han dejado el legado de tesoros de literatura.

Por lo tanto, le corresponde al cristiano maduro acudir a buenos libros de teología. “Las Confesiones”, de San Agustín; “La Institución de la religión cristiana”, de Juan Calvino; o “La esclavitud de la voluntad”, de Martín Lutero, son sólo algunos de los clásicos antiguos con los que uno podría comenzar. ¿Es fácil? No lo es. ¿Hay beneficios? Más de los que puedes imaginar. Si tan sólo comienzas separando quince minutos al día para adentrarte poco a poco en sus páginas, no imaginas la profundidad a la que puedes llegar en el conocimiento de Dios y en la edificación de tu vida, y de tu hogar, sobre la Roca.   


Pedro Blois

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Antonio Arenas
24 days ago

Amen. Gracias Pastor Pedro