Ananías y Safira podían haberse quedado con la heredad que les pertenecía; también podían haberla vendido y guardado el dinero para sí (Hechos 5:1-4). Pero decidieron mentir. ¿Por qué? Porque querían aparentar una espiritualidad que no estaba ahí, querían que los demás pensasen de ellos lo que no había. El pecado subyacente a la mentira del matrimonio fue la falsa espiritualidad, la hipocresía religiosa.

La disciplina divina sobre ellos fue severa. Ambos cayeron muertos a los pies del apóstol Pedro (no sabemos si fueron salvos o no… ). ¿Por qué tamaña dureza? Porque Dios aborrece la mentira y la falsa espiritualidad. Ser inmaduros no es el mayor problema; luchar contra el pecado, y aún a veces caer, no es lo más grave. Pero ocultar la verdad y aparentar algo que no hay es un asunto gravísimo.

Por lo tanto, un consejo para todos nosotros: seamos honestos en cuanto a nuestra condición. Pidamos al Señor un corazón humilde para tener un concepto correcto de nosotros mismos, y seamos muy honestos ante nuestros hermanos. Este es el único modo de crecer en la vida de santidad y en el amor cristiano. Dios aborrece la hipocresía religiosa; pero se goza en aquellos que con humildad confiesan su condición.


Pedro Blois

  

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