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Fecha:
07/11/2021

EFESIOS 1:12-14.

 

INTRODUCCIÓN

Queridos hermanos, en el sermón de esta mañana deseo hablaros de la obra particular del Espíritu Santo en nuestra salvación. Eso es lo que nos corresponde en la serie de Efesios.

Como sabéis, estamos considerando el canto de adoración con el que el apóstol comienza la epístola a los Efesios (v.1:3-14). En este canto se destaca la obra de cada una de las personas de la Trinidad en la salvación de los creyentes. “La salvación es del Señor”.

Hasta aquí hemos visto que el Padre nos escogió en amor antes de la fundación del mundo, el Hijo vino a conseguir nuestra redención y el perdón de nuestros pecados; y hoy estaremos meditando en la obra de la tercera persona de la Trinidad: el Espíritu Santo de Dios.

 

De manera sencilla, nos preguntamos:

¿Cuál es la obra particular del E.S. en la vida de todo verdadero creyente?

Encontramos la respuesta en los v.13 y 14: se nos habla del Espíritu como el SELLO de nuestra salvación las ARRAS de nuestra herencia.

Estas son las dos palabras clave: SELLO y ARRAS.

Hoy aprenderemos que el Espíritu es quien nos permite gustar los beneficios de nuestra herencia (ARRAS), y quien certifica nuestra salvación (SELLO). Él es aquel que se nos otorga como un adelanto de nuestra herencia eterna y como garantía de nuestra salvación final.

 

Si me preguntaseis cuál es nuestra mayor necesidad como iglesia local – y talvez como iglesia en términos más amplios –, os diría que es la presencia y la obra del Espíritu Santo de Dios. Necesitamos más que nunca que el Espíritu de Dios nos lleve a conocer y a experimentar aquellas cosas que muchas veces hemos escuchado, pero de las que conocemos poco.

Queridos hermanos, de nada nos serviría oír hablar acerca de la gracia del Padre, y de la obra salvadora de Jesucristo, si esas realidades no son experimentadas por nosotros, si no cambian nuestras vidas.

¿De qué sirve hablar de una fuente de la que no bebo, o de un medicamento eficaz que no tomo? ¡De nada! Pero, ¿no es esta la realidad de muchos?

Miles que han oídos hablar de Jesucristo pero nunca han conocido ni experimentado su poder. Y es ahí donde entra la prerrogativa del Espíritu Santo. Él es quien nos aplica la medicina (…).   

 

La ruta de nuestra meditación es la siguiente:

 

I. Cómo se aplica el SELLO/ARRAS; II. En qué consiste el SELLO y cómo se verifica; III. En qué consisten las ARRAS y cómo se verifican.

 

I. CÓMO SE APLICA EL SELLO/ARRAS.

 

  1. En primer lugar, vemos que es Dios el Padre el que nos sella con el E.S.

Notad que no somos sellados por el E.S., sino con el E.S. El Espíritu Santo es el sello con el que el Padre sella a cada uno de los suyos… y las arras que nos son otorgadas. Ver: 2 Corintios 1:22.   

En esto vemos que el E.S. es el testimonio divino de que somos suyos. No es el testimonio de hombre ni de institución alguna… sino que es el sello que proviene de lo alto. Es Dios afirmando que Le pertenecemos.

 

  1. En segundo lugar, vemos que el sello acompaña a la fe en el evangelio.

Lo mismo da si se trata de judíos o gentiles… lo cierto es que todos somos sellados por el Espíritu Santo al creer en el evangelio (en Cristo). Es difícil afirmar en qué momento acontece – en el propio acto, o como acto seguido de la fe… –, pero lo cierto es que el sello está ligado a la fe en el evangelio.

No recibimos este sello por obra o mérito alguno, sino por la sola fe en el evangelio, al descansar plenamente nuestra confianza en la obra de Jesucristo… somos sellados “en Cristo” (según “la promesa”).

 

iii. En tercer lugar, el sello como las arras están relacionados a la herencia.

Esta herencia se refiere a todos los beneficios de la vida venidera – comunión con Dios, cuerpos de resurrección, nueva creación –, y el Espíritu Santo viene a certificar estas realidades en nuestras vidas.

 

II. EN QUÉ CONSISTE EL SELLO Y CÓMO SE VERIFICA.

  1. Comencemos con la imagen del SELLO. Cuando queremos asegurarnos sobre la procedencia (autor) y la veracidad de un documento, prestamos atención al sello que lleva impreso (junto a la firma). Al ver el sello en el documento, sabemos a quién pertenece y que es fidedigno.

Esta práctica data de tiempos antiguos:

Cuando Ester le rogó al rey Asuero que redactase un edicto que anulase el perverso plan de Amán, el rey respondió: “Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado.” Es. 8:9.

Quiero que veáis en este ejemplo que el sello del rey no sólo confirmaba la procedencia del edicto, sino que hacía con que su veredicto fuese irrevocable. El sello aseguraba que el documento tuviese que ser obedecido… que se cumpliese lo que allí estaba escrito.  

El apóstol Pablo afirma que el E. S. es el sello divino en nuestras vidas (v.13).

Esto quiere decir que el Espíritu viene a certificar que somos de Dios, y que lo que Él ha dicho acerca de nuestras vidas sea firme (seguro).

La presencia – y obra – del Espíritu en nuestras vidas es la firme garantía de que pertenecemos al Padre (somos hijos) y que somos sus herederos.

 

  1. En términos prácticos: ¿cómo saber que la mía es una fe veraz? ¿Cómo saber que pertenezco a Dios? ¿Cómo estar seguro de sus beneficios?

Pues bien, ¿contamos con el sello del Espíritu?

 

Sobre las obras propias del Espíritu certificando nuestra salvación (1 Juan):

 

  1. Convicción referente a la veracidad del evangelio (pecado + gracia).
  2. Afectos santos (deseos de comunión con Dios y deseos de santidad).
  3. Amor por los hermanos (comunión con la iglesia).
  4. Vigor para ser testigos (luz y sal en el mundo).

 

III. EN QUÉ CONSISTEN LAS ARRAS Y CÓMO SE VERIFICAN.

  1. El contrato de ARRAS acontece cuando se entrega una cantidad de dinero como anticipo del pago final. De modo que, si te debo 100.000 de euros, pacto darte 10.000 como arras/anticipo del montante final. En este sentido, nos damos cuenta de que las ARRAS – al igual que el SELLO – funcionan como una garantía de que recibiremos todo lo prometido.

Pero las ARRAS añaden un elemento que no vemos en el SELLO, y es que nos permiten disfrutar en el presente de un poco de todo lo que recibiremos en el porvenir. Las ARRAS nos posibilitan tener una medida de la experiencia de lo que nos espera en lo porvenir (…).

Pues nada, el apóstol Pablo nos habla del Espíritu Santo como ARRAS de nuestra herencia. En este sentido, el Espíritu no sólo garantiza nuestra herencia, sino que es, Él mismo, un anticipo de lo que hemos de recibir… Él nos permite experimentar, desde ya, algo de la gloria venidera.

Al verdadero creyente le es permitido gustar un poco de lo que será su plena redención, de modo que, desde el presente, él vive deseando tenerlas… esperando que lleguen.

Ejemplos: “el creyente en la habitación oscura”; “cuando pruebas el guiso”.

 

Consideremos tres textos del apóstol Pablo:

 

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Romanos 8:15-17.

 

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.”

2 Corintios 5:1-5.    

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” Romanos 8:22-23.

 

  1. Algunos ejemplos prácticos de experiencias con el Espíritu Santo:

 

  1. John Wesley (fundador del metodismo, sig.XVIII). Hizo parte de un grupo de estudios bíblicos en su tiempo de juventud, quienes buscaban fervorosamente la vida de santidad. Poco tiempo después entró al ministerio (iglesia anglicana) y se embarcó en un viaje misionero a Nueva Inglaterra. En el viaje de regreso casi naufragan a causa de una fuerte tempestad… y es fuertemente impactado por el testimonio de los moravos.

Pero el 24 de mayo de 1738 tuvo una profunda experiencia mientras escuchaba la lectura del prefacio del comentario de Lutero a los Romanos:

“Por la tarde fui con pocos deseos a una reunión en la calle Aldergate (Londres); cuando llegué alguien estaba leyendo el prefacio de Lutero a la Epístola a los Romanos. Sobre las 20:45, mientras describía el cambio que Dios opera en el corazón por la fe en Jesucristo, sentí que mi corazón un calor diferente. Sentí que ahora confiaba realmente en Cristo, solamente en Cristo, para mi salvación; y me fue dada una seguridad de que Cristo había perdonado mis pecados, ¡Sí! incluso mis pecados, y que me había salvado de la ley del pecado y de la muerte”.  

 

  1. Jonathan Edwards, pastor y teólogo norteamericano (sig. XVIII):

“Una vez, en 1737, mientras cabalgaba por los bosques debido a mi salud, habiéndome bajado de mi caballo en un lugar apartado, así como era mi costumbre, para caminar en divina contemplación y oración, tuve una visión, que para mí fue extraordinaria, de la gloria del Hijo de Dios, como Mediador entre Dios y los hombres, y de su hermosura, grandeza, plenitud (…) gracia, amor, mansedumbre, y gentil condescendencia (…). La persona de Cristo parecía inefablemente excelente, con una excelencia suficientemente grande como para absorber todo pensamiento e imagen, la cual continuó, según recuerdo, por cerca de una hora, que me mantuvo la mayor parte del tiempo en un diluvio de lágrimas, y sollozando en voz alta. Yo sentía un anhelo en mi alma de ser, yo no sé otra forma de expresarlo, vaciado y aniquilado; postrado en el polvo, y estar lleno únicamente de Cristo; amarlo con un amor santo y puro; vivir para Él.”

 

  1. Howell Harris, instrumento de Dios para el avivamiento en Gales en el siglo XVIII. Así es como describe lo que le ocurrió cuando estaba sentado en la torre de la capilla leyendo y orando:

“De repente sentí que mi corazón se derretía dentro de mí, como cera delante del fuego, de amor hacia Dios por (Jesucristo), mi Salvador. Y sentí no sólo amor y paz, sino un deseo de morir y estar con Cristo. Entonces vino un llanto a mi corazón como nunca antes lo había experimentado – que decía – “¡Abba, Padre!” No podía hacer otra cosa que llamar a Dios mi Padre. Yo supe que era su hijo, y que Él me amaba y que me estaba escuchando. Mi alma estaba satisfecha y yo decía en alta voz: “¡Estoy satisfecho! Dame fuerzas y yo te seguiré a través del agua y del fuego”.

A modo de resumen: decimos que el Espíritu Santo es SELLO y ARRAS de nuestra HERENCIA. Como SELLO, es la firme garantía de que somos de Dios y obtendremos su salvación; y como ARRAS, se nos otorga como un primer adelanto de nuestra herencia (…).     

 

Amigo que estás en este lugar: ¿conoces la obra del Espíritu de Dios? ¿Tienes su sello en tu corazón? ¿Disfrutas de las arras de tu herencia? Si no es así, si no tienes experiencia alguna de lo que he estado diciendo, debes considerar tu salvación… debes meditar en el evangelio y buscar el rostro del Padre hasta que la tengas. ¡Qué el Señor te otorgue su gracia!

 

“Para alabanza de Su gloria”